No es lo mismo un docente que un tutor

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Aunque sus funciones guardan ciertas similitudes, la labor del docente no es igual a la del tutor. El docente utiliza sus habilidades pedagógicas para enseñar, y actúa como intermediario entre los contenidos del aprendizaje y la disposición de los alumnos para asimilarlos. El tutor, en cambio, lo que hace es acompañar y fortalecer ese proceso, con el objetivo de prevenir futuros problemas de adaptación en el escenario educativo.

Tiempo y disponibilidad: Para centrarse en atender las habilidades de estudio, lectura y comprensión de cada estudiante, el tutor escolar tiene que disponer de tiempo suficiente para cumplir con su labor, e incluso, muchas veces, dedicar más horas de lo previsto, porque a veces no le alcanza el tiempo o surgen situaciones que escapan de sus manos. Además, debe tener claro que este es un oficio que, por su misma complejidad, no puede hacerse de manera obligada, o con presión, solo por el simple hecho de ganar dinero, ya que esto se vería reflejado en el resultado final.

Conducta intachable: Como ocurre con el docente, al trabajar con niños y adolescentes en proceso de formación, el tutor también transmite valores y patrones de conducta, por ello debe haber coherencia entre su forma de actuar y lo que pregona, de lo contrario perderá fuerza, respeto y credibilidad frente al alumno, quien por naturaleza propia tiende a revelarse ante el adulto y a recriminar cualquier situación que considere inaceptable. Asimismo, debe inspirar confianza y mantener la cordura, esto quiere decir que no puede ser excesivamente complaciente, pero tampoco excederse en lo riguroso.

Comunicación efectiva: Para que el tutor y su alumno puedan entenderse bien, la comunicación debe ser fluida. A través del diálogo y el establecimiento de vínculos, por ejemplo, el orientador podrá identificar sus debilidades y fortalezas, información que utilizará para descubrir y explotar las cualidades del alumno, en favor de su capacitación y mejoramiento constante. Del mismo modo, el tutor debe valerse de la comunicación para desarrollar su intuición y anticiparse a cualquier dificultad, abordándola a tiempo.

Saber escuchar y callar: Otra de las cualidades más importantes que debe tener todo tutor es la de ser paciente al momento de escuchar los planteamientos de sus alumnos.  Ponerse en su lugar frente a algún inconveniente y tratar de entenderle, sin llegar a extremar la complicidad frente a la indisciplina, le otorga al tutor mayor cercanía con los estudiantes, pero este debe saber manejarse con prudencia pues, la confidencialidad genera confianza, y la confianza abre las puertas de la comunicación.

Seguir aprendiendo: El planeta cambia constantemente, y con él las personas que lo habitamos, dando paso a nuevas costumbres y conductas. Por ello el tutor necesita actualizarse de manera permanente, y así poder afrontar con sapiencia y naturalidad los cambios que puedan presentarse. El hecho de haber adquirido conocimientos y experiencia, por mucho que haya sido, no niega las posibilidades de seguir aprendiendo. Asistir a cursos, talleres inductivos y seminarios, repasar lo más novedoso en literatura especializada, e intercambiar ideas con otras personas del sector que estén involucradas en este tipo de oficio, nunca está demás.

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