4 claves para cuidarse y poder ejercer el cuidado

Cuidado del cuidador
0

Muchas veces, al desarrollar las labores de cuidado, las personas enfrentan riesgos excesivos que van desde asumir una carga de tareas y responsabilidades por encima de sus capacidades, hasta realizar acciones y tomar decisiones, muchas veces erradas, que atentan contra su bienestar.

Por lo general, al enfocarse en el cuidado que ofrecen, no toman las prevenciones necesarias para evitar enfermedades, ni aprovechan toda la ayuda disponible. Asimismo, al mantenerse constantemente ocupados, restan tiempo de descanso, descuidan su alimentación y no practican ejercicio.

Seguramente no lo hacen de manera consciente, pero de igual manera esto les puede causar daño. A la larga, si estas situaciones no son abordadas debidamente, los cuidadores pueden llegar a afectar su salud y calidad de vida, e impedir, por ende, el normal desenvolvimiento del cuidado.

El mayor valor y apoyo que tiene una persona con dependencia son sus cuidadores. Si estos no se cuidan a ellos mismos, tampoco podrán cuidar de los demás. Somos el principal agente de nuestro cuidado. Nadie mejor que uno mismo para saber cómo se siente, qué es lo que le sucede y cómo puede resolverlo. Así que no hay excusas.

A continuación te ofrecemos algunos consejos útiles, basados en cuatro aspectos básicos que hemos extraído del manual El cuidado para los que cuidan, desarrollado por Sanitas Residencial y la Confederación Española de Alzheimer, de la mano de cuidadoras y cuidadores, así como de los expertos en salud del MEND, los cuales te aportarán mucha más energía para cuidar

#1. Evitar el estrés

Cuidar puede plantear enormes exigencias sobre el tiempo y energía del cuidador, por lo que probablemente habrá múltiples momentos en los  que notará que su nivel de estrés aumenta. Pero es normal. Se trata de una respuesta automática a las situaciones de peligro, que hace que nuestro cerebro libere hormonas que elevan la presión sanguínea y aumentan los latidos del corazón.

A veces es inevitable experimentarlo, pero para enfrentarlo, lo primero que hay que hacer es detectarlo e identificar los factores desencadenantes. Para ello se recomienda llevar un registro de lo que sucede durante cada día y cómo le hace sentir a la persona. Una vez identificado, lo mejor es tomarse un respiro cuando sobrevenga la situación que lo genera.

Centrarse en las cosas positivas en lugar de intentar cambiar lo malo, también ayuda cuando el estrés se genera por la impotencia de situaciones que se salen de control. Hablar con otras personas con experiencias similares puede ayudar mucho. Por último, caerá muy bien buscar tiempo libre y planificar actividades que le agraden a la persona.

#2. Alimentarse bien

Cuando se dedica la mayor parte del tiempo al cuidado de una persona, comer sano es probablemente lo último en lo que se piensa, pero una mala alimentación induce fácilmente al cansancio y limita las energías que requiere el cuidador para afrontar con entereza su día a día.

La clave de la buena alimentación está en la variedad: Carbohidratos, al menos cinco porciones de fruta y verdura al día, hortalizas, proteínas y productos lácteos, son suficientes para aportar las vitaminas y minerales esenciales que el cuerpo necesita.

El desayuno es un buen momento para comer alimentos con más almidón, como avena y cereales. Para evitar el bajón de la tarde, la comida debe incluir hidratos de carbono integrales, es decir, pan, arroz o pasta integral, además de la respectiva porción de carne o pollo. Evitar saltarse las comidas y mantenerse hidratado es prioritario.

#3. Mantener la actividad física

Para mantener un buen estado de salud, sobre todo en aquellas personas que se dedican al cuidado, los expertos recomiendan hacer semanalmente dos horas y media de actividad física de intensidad moderada, y una hora y quince minutos de actividad física de intensidad vigorosa. La actividad física mejora el sueño, ayuda a mantener los huesos y las articulaciones en buen estado y ayuda a combatir el estrés.

Si no se tiene tiempo debido a las múltiples ocupaciones, las tareas diarias del hogar y el cuidado pueden convertirse en un entrenamiento perfecto. Cocinar, limpiar, hacer la compra y lavar, al tiempo que se ayuda a moverse y levantarse a una persona, permiten mantener el cuerpo en constante actividad.

Además, se puede aprovechar cualquier oportunidad durante el día para mantenerse activo, por ejemplo, escogiendo ir a pie o en bicicleta a un sitio en lugar de coger el coche, también subiendo por la escalera para ir a un piso alto, y evitar tomar el ascensor. Al principio puede que parezca fuerte, pero cuando esto se convierte en una rutina, se hace casi de forma automática. De todas formas, nunca está demás hacer yoga para estirar y fortalecer los músculos, y pilates para tonificar.

#4. Dormir bien

Dormir es importante para mantener la salud, por eso, una noche de sueño reparador es como una recarga de baterías, para asumir las tareas del día con mucho entusiasmo y energía. Pero muchas veces, quienes trabajan como cuidadores no logran conciliar el sueño por las noches, ante la preocupación por lo que pueda pasar con la persona que cuidan.

En este caso, se puede ser recurrir a cualquier sistema, como el intercomunicador para bebés, que pueda advertir si ha habido algún inconveniente. También es posible que los ayuntamientos faciliten opciones de tele-asistencia social o sanitaria para monitorizar a las personas mayores y con discapacidad, y de esta manera dar tranquilidad a los familiares.

Otras veces los cuidadores se mantienen despiertos porque la persona que recibe el cuidado también puede presentar insomnio. Esto es completamente normal. El proceso de envejecimiento lleva a sufrir cambios en el patrón de sueño, lo cual genera dificultad para dormir. La buena noticia es que esto tiene solución.

Crear un entorno que propicie el sueño, asegurándose de que el ambiente no esté ni muy frío ni muy caluroso, que el colchón sea cómodo, y que no hayan distracciones como televisores y ordenadores, ayuda a mejorar la calidad del sueño.

También será necesario adaptar al cuerpo a una rutina, donde la hora de descanso sea igual todos los días. Meditar antes de irse a la cama, relaja y propicia el descanso. Estas medidas están dirigidas a cuidadores de personas mayores y dependientes, pero también pueden ser aplicables a cuidadores de niños.